domingo, 21 de junio de 2015

Hola mis amores:

Quería festejar este día tan especial con ustedes y es por eso que escribí un pequeño extra de mi libro "Destinos entrelazados". Esto no forma parte del libro, es más, sucede 10 años antes. Espero les guste y ¡feliz día del padre a todos los papis!






El camino hacia el cementerio parece eterno.
La mano de mi pequeña Carla calienta mi alma. La suavidad de su piel me recuerda otra piel que hasta hace poco acariciaba con ternura y amor. Cuando la miro a los ojos me veo en ellos, pero su cabello es el de ella: su madre. ¿Por qué el destino quiso robármela, arrebatárnosla? Un instante, se necesitó un mísero instante para que la vida de la mujer que me ha enseñado a creer nuevamente en el amor se esfumara de entre mis manos. Un paso en falso, una calle resbaladiza, los frenos del auto que no responden…
Me cuesta respirar, alzar la cabeza al cielo y pensar que Él la quería más que yo, que la necesitaba más que nosotros.
Si no fuera por Carla…
—Papi —me dice y me mira con sus enormes ojos verdes, llenos de lágrimas no derramadas, aun no comprendiendo del todo que su madre se fue para siempre, que nunca más la volveremos a ver.
—¿Sí, cariño?
—¿Vamos a ver a mami?
¿Cómo decirle que estamos de camino al cementerio, que nos arrodillaremos ante la tumba de Esther y que lloraremos su pérdida? ¿Cómo decirle que la amada esposa, la abnegada madre ya no nos acompañará con su risa y sus cuidados? Pero es algo que ella debe entender, que debe aceptar. Ahora solo somos ella y yo.
—Vamos a ir a visitar su tumba.
Ella arruga el ceño, pero no aparta los ojos de los míos.
—Ella no vendrá más a casa —sentencia con una fortaleza que no sabía pudiera tener una niña de nueve años.
—Así es. —Suspiro, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Pero ¿acaso existen palabras para expresar la frustración, el intenso dolor que se clava en el corazón cuando el destino te juega tan mala pasada?—. Estoy seguro que ella está con nosotros, aunque no la podamos ver.
—¿Ella nos cuidará?
—Eso espero.
Caminamos unos metros en silencio hasta que Carla me sorprende con una determinación en su voz que calienta un poco mi corazón helado y casi muerto por la reciente pérdida.
—Papi, yo te cuidaré.
Aprieta más mi mano y se limpia los ojos con la manga de la camiseta. Y, cuando me mira de nuevo, puedo ver que en ese cuerpo infantil se alberga alguien más viejo, una niña que ha tenido que madurar de golpe y dejar su inocencia a un lado para adentrarse en el mundo de los adultos.
Ambos extrañaríamos a Esther, lo sabía, pero me quedaba mi hija y haría lo imposible para que ella fuera feliz.
Con un nuevo objetivo en mente, me resisto a dejarme vencer por la depresión y me apoyo en Carla, en su amor y obstinación.
Sí, ahora éramos ella y yo: una hija y un padre que saldríamos adelante.








3 comentarios:

  1. Hola Gaby me gusto mucho el relato corto o es el medicamento o ando muy sensible pero se formo un nudo en la garganta.

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    1. Qué lindo que te haya gustado. Me salió algo tristón, será porque perdí a mi papi hace un par de años.
      Besitos y mejórate
      Gaby

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  2. Holaaaa Gaby!! me encantooo!! me dejo sensibleee!! gracias por compartirlo!!
    Feliz dia a todos los papis!!!!!! Besos!!!

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